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La singular carrera de la divina Dike Convertir en PDF Version imprimable Suggérer par mail
15-03-2007
Existe una virgen, Justicia, la hija de Zeus... Honrada y venerada por los dioses del Olimpo...,Hesíodo, Los trabajos y los días, v. 256 / 7.

 "LA SINGULAR CARRERA DE LA DIVINA DIKE"[1]

 

Alicia Noemí Farinati  *

 

1. Democracia y ciencia.

 

A partir del momento en que nuestras sociedades se democratizan,  -hablamos de los años '80 en America Latina-, o sea desde que no reconocen otra autoridad superior a la voluntad de sus pueblos, o al menos oficialmente, un único argumento de autoridad se muestra invencible: el discurso de la ciencia.

 

Si bien múltiples encuestas muestran el poder y la relevancia de  los medios de comunicación en la población, otra buena andanada,  relativizan el poder y alcance, y la efectividad de tales resultados.

 

Pero ciencia no es lo contrario de democracia, la ciencia dice acerca de lo que es. La democracia, realista, adulta y racional, decidirá, atendiendo al saber de los expertos, de manera realista. Queda para  la clase política la tarea de explicar lo que no puede ser modificado, y la propuesta de opciones de lo que debe ser decidido.

 

El meollo de la cuestión estriba pues en destrabar los argumentos de poder, nocivos a la sociedad que puedan ser esgrimidos como "científicos", en una versión sofisticada de conducir la tropa  De la misma manera aquel que se supone " comprende" y " aprehende" los fenómenos deberán vérselas en una sociedad democrática con "ciudadanos" que saben 

 

*Investigadora Permanente del Instituto A.L.Gioja, UBA.

**Existe una virgen, Justicia, la hija de Zeus... Honrada y venerada por los dioses del Olimpo...,Hesíodo, Los trabajos y los días, v. 256 / 7.

                                                                      

presentarse junto a otros, definir sus problemas, intereses y  exigencias,  preguntas y  cuestionamientos y la pertinencia de las proposiciones, que exigirán los actores sociales y la

 ciudadanía toda, y que a su vez podrán mostrar la relatividad histórica de los juicios y políticas que el poder pretende insoslayables e ineludibles.

 

Para el caso podemos referirnos a la presentación de las múltiples alternativas a las que puede dar lugar una política social y económica determinada en manos de, justamente  determinados " expertos". Los expertos a "sueldo del poder" propondrán políticas y conductas en nombre de la objetividad de la ciencia, como testimonio de su saber y de su poder. La libertad de que gozan los poderes en el nombramiento de tales "expertos", en aras de identificar y justificar medidas y decisiones políticas, nos permite   avanzar la idea  que las sociedades modernas tienen la ciencia que se merecen

 

La ignorancia - real o ficta- de la dimensión de los problemas, no elude por cierto las responsabilidades, pero sí marca  el grado de democracia existente. La realidad, sin embargo, independiente de los saberes de los expertos y de las decisiones de los políticos no trabaja con caricaturas o deformaciones más o menos inventadas.

 

La acentuación o el efecto caricatura, no hace sino mostrar cuan a corto de ideas y débiles son  los discursos de los expertos, presentando generalmente sus opiniones como el único camino a tomar por la ciudadanía. "Las inexorables leyes del mercado", por ejemplo hace un buen tiempo,  podríamos decir que desde 1700, tratan de transformarse en objetivas y los argumentos sobre su ineluctabilidad para salvaguardar el orden y la supervivencia de las mismas élites de las sociedades a escala planetaria, se han transformado en pensamiento único. Se identifican medidas y decisiones con el discurso científico, y los intereses tienen entonces los medios de hacerse respetar y de imponer sus exigencias.

                             

 

Dando testimonio de "su" saber que no responde sino a los facilmente contrastados intereses del grupo gobernante, olvidan a los "otros" expertos cuyo saber sería justamente necesario para marcar la pertinencia y los límites del mismo.

 El punto crucial no sería aquí el del "progreso de la ciencia" sino lograr, sobre todo para la resolución de los derechos a la igualdad, problemas así llamados "sociales", la conjunción de " expertos " cuya opinión no sea incontrolablemente parcial. Teniendo en cuenta que en el caso de los problemas " sociales" que mencionamos las demostraciones "objetivas" no son siempre facilmente posibles,  y en una sociedad más democrática los expertos deberán saber que la ciencia en nombre de la cual hablan debe servir una realidad cuyas dimensiones no pueden ignorar, y cuyos problemas deben ayudar a solucionar.

 

Democracia y sus fantasmas: la justicia – en el mercado?-.:.

 

Con una existencia confinada a los medios académicos de la filosofía  la justicia reaparece con fuerza al menos en los últimos decenios del Siglo XX, en tanto democracia y economía de mercado pretenden marchar de la mano -de los expertos al menos- como carta de triunfo de la democracia liberal, poniendo el acento sobre la democracia siendo que lo sabemos bien los ciudadanos del sur del continente el verdadero vencedor en esta justa- asaz desigual- es el mercado.

 

A un proceso tanto más impiadoso cuanto independiente de la voluntad política  [2]... la mundialización organiza y pone en escena la impotencia de lo político...- puesto que- no habría más política nacional independiente en un mundo en el cual los países no son economicamente independientes. La ley más fuerte, no es la ley del Estado sino como lo vemos a diario las "leyes del mercado" constituidas en " concreciones" que hablan por la boca de los "expertos" locales. Cual una  suerte de decadente pitonisa del dinero ausculta los "deseos" del mercado y los revela como juicios verdaderos de imbatible contrastación. Pero es sobre todo en nuevas y frágiles democracias y en especial a partir de la  liquidación de las estructuras fundamentales del Estado que los ciudadanos han quedado librados a los intereses de corporaciones y  grupos financieros mundiales  en los cuales las voces de "justicia social" o sea vida digna humanamente hablando, han quedado como una rémora de tiempos idos incompatible con una concepción de la economía elevada al rango de esfera autónoma, cuya misión es la de regir a la sociedad entera, en tanto el liberalismo actual la abstrae de sus bases políticas y sociales para confirmar su triunfo.

 

Sin embargo el Estado,  deviene en el curso del S. XX  la figura impuesta de la organización política. Las relaciones internacionales se estructuran alrededor del mismo y es la base para la entrada en la sociedad internacional. El Estado se presentaba como la famosa clave de bóveda y elemento fundamental de cohesión de la sociedad., defensa de la identidad colectiva, base del orden político, protector y salvaguarda del orden social – como función de dominación- y sobre todo armonizador de los conflictos -en su función de regulación-.

 

Estado residual:

 

Es esta capacidad que parece periclitar en tiempos de mundialización. Las fronteras físicas y simbólicas de los Estados se vuelven porosas, flujos de todo orden los atraviesan imposibles de controlar, y por ello mismo la capacidad de regulación, de canalización, de equilibrio económico y social que escapa sin pausa de  sus controles.

En concordancia los nuevos mecanismos tienden a aparecer  detrás del Estado, la función política se desplaza. La identidad es la primera en ceder su nivel simbólico sobre los ciudadanos y por ende los lazos de solidaridad al interior de los mismos.

Si la economía se ha separado de la moral a partir de A.Smith, esta teoría de la emancipación  invade progresivamente el terreno propio de la moral y de la política, tendiendo a constituirse en una "ética científica", con vocación para tratar cuestiones de justicia social, de la génesis de los sentimientos morales, de los obstáculos de la democracia, etc. Nada sabría invalidarla.[3]

 

Si bien la falsa opción de un capitalismo sin dueño[4] aparece como provocativa para los defensores a ultranza del libre mercado, los mismos avizoran que se han puesto en movimiento fuerzas que parecieran incontrolables...- Hasta A.Greenspan se ha referido a ellas-. "Hasta los propios negocios capitalistas, dice Karl Polanyi en su célebre libro " La gran transformación",[5] debieron ser protegidos del funcionamiento sin restricciones del mecanismo del mercado". Y esto en los '40.... Hoy lo vemos claramente, en el momento en que cede la red de instituciones intermedias, y los  mercados recurren sin pudor al Estado- que ha quedado  inerme especialmente en América Latina- para salvar no a los ciudadanos del Estado  fuera de toda " justicia social" y más allá de toda " equidad" , sino a las Bolsas, Bancos, entidades financieras y hasta clubes de fútbol con los dineros penosamente obtenidos –a través de un sistema impositivo regresivo- para prevenir y conjurar los estragos causados por las mismas crisis, y apelar además a los viejos sistemas de subsidios, nunca abandonados por otra parte en los países del " primer mundo".[6]

 

El salvataje y no in extremis que el mercado reclama  al Estado no es sin embargo lo habitual en lo que se refiere  a los problemas originados -luego de la liquidación del Estado de bienestar, de los 30 gloriosos o de lo que hubiere podido asemejarse en Argentina- para el resto de la población: por el contrario no es sino su contracara. No tenemos nada más que verificar las tasas bancarias para préstamos a Pymes, para vivienda, emprendimientos individuales,  etc. y los leoninos contratos que los acompañan. Si las instituciones creadas por los instrumentos en el mundo occidental no cumplen su cometido, es sólo así, en un Estado ineficaz por la falta de acción de los mecanismos de protección de la población, y ausente por los estragos causados por esa misma falla, pueden digo, los mercados ejercer su poder.

 

Si bien las crisis causadas por este nuevo sistema de mercado global ha derramado por el planeta más crisis en la economía, las mismas han tocado en especial a los países y regiones más desprotegidos, crisis asiática, en América Latina:  México, Brasil, y en Argentina en particular. La democracia se ha vuelto vulnerable y con ella la poblacion que no goza de la debida protección que la Constitución Nacional- en el caso de Argentina, en especial- otorga a su ciudadanía para la concreción de una vida digna.  Las crisis y temblores varios no se repiten de la misma manera, pero pareciera que sí son cada vez más fuertes e imprevisibles. Los números que se refieren a nuestro país no hacen sino marcar una desigualdad creciente y un abismo cada vez mayor entre ricos y pobres, trabajadores y sin empleo,  que frena aún más su desarrollo.

 

La entrada de Argentina en el "gran mundo" en los '90.- vía privatizaciones para equilibrio de cuentas público-privadas- no fue sino una "entrada en una hipertrofia financiera global, interpretada erroneamente como la prosperidad global de la economía de mercado. Fueron una simplificación y una interpretación totalmente equívocas. Entramos en esa "felicidad", vendimos nuestros activos para sumarnos a la economía mundial. A lo que estábamos entrando era a un mundo de financieros voraces, que hacen inversiones de corto plazo y se llevan más del 30, 40 y 50% anual"[7].

 

Los efectos deletéreos de dichas políticas no se hicieron esperar, y el balance de los diez últimos años de ajuste y políticas neo liberales en América Latina, al menos, es desolador. Si algunos cambios tecnologicos llegaron (y esto en casos bien puntuales), si la estabilidad logró detener el proceso de la hiperinflación -que todos lo sabemos bien no fue obra del azar-, el desmantelamiento de las estructuras del Estado sobre todo, llevó a pérdidas increibles y regresión inaudita en el bienestar de los argentinos. A pesar de que las cifras le pongan un pie de imprenta al trabajo –y corriendo el riesgo de ser superados por la realidad- no podemos obviar algunas referentes a los niveles de pobreza, de desempleo, de salud, de escolarización que hacen al proceso y al mismo tiempo que explican los resultados de la flexibilización laboral, sus causas y sus efectos y permiten entender el proceso de inclusión de la moderna tecnología y a qué costo y para quienes en Argentina. Las condiciones para que el mercado impusiera sus controles y condicionamientos para el trabajo, el incremento de las ganancias, en suma la aceleración del proceso de concentración de los capitales se habían llevado a cabo por medio de las políticas puestas en práctica en los años de la última dictadura militar en Argentina.

 

Efectos en  números:  *

 

Si bien la ocupación y la desocupación [8]– historicamente- juntas no superaban el 12% - da la población economicamente activa- a partir del año 1986 comenzaron a subir y terminamos 1990 con un índice del 16,8 y del 17,9%. Pero es a partir de 1991 que llega a los 4 millones de desocupados, y con una tasa de  empleo en negro del 34,9% de la población Al mismo tiempo el ingreso del 10% más rico ha crecido desde el 29,1% en 1980 al 36,7% del PBI en 1996  y la indigencia- en el area metropolitana- llega al 8,1% y la pobreza al 27,9, siendo la población viviendo en villas de emergencia del 65,6 por mil. No olvidemos tampoco la tasa de delincuencia- total para el país- que va de un 80,0 por 10.000 en 1980 al 204,3 por 10000, en 1995. Llegando a un pico de desempleo, en octubre de 1999 del 28,1% entre ocupados y desocupados, de los cuales al menos la mitad correspondían a la desocupación abierta. De acuerdo a los últimos datos de la medición oficial del mes de mayo de 2000 del INDEC la tasa de desocupación ha llegado  al 15,5% -unos 2.200.000 de personas- cifra que es siempre interpretada como el verdadero termómetro de la salud de la nación. Es importante subrayar que  el nivel de cobertura social de los trabajadores urbanos  es de sólo el 57%, llegando a bajar para el personal doméstico al 26%- lo cual da cuenta no sólo del aumento del desempleo sino de la aumento del trabajo informal.

 

Sin embargo creemos que la clave que atenta al centro del Estado y que hiere  abiertamente  su identidad como tal es la del olvido que el mismo hace de su futuro.

 

Si tenemos un 45% de los niños calificados como "muy pobres" o pobres absolutos - o sean 4.612.693 menores de 15 años, con más  un 37,7 de adolescentes entre 15 y 19 años -1.227.737- de los cuales un 45% no tienen cobertura médica-, y  25,8% de jóvenes entre 20 y 25 años- o sea 1.023.623 personas. No podemos, apelando a la cordura- ya que no al crecimiento- pensar sinceramente en una en un país dispuesto a afrontar el futuro con las armas de la sociedad posindustrial. 

 

Considerando que el trabajo ha sido planteado por algunos teóricos como especie en vías de extinción[9] , El fin del trabajo –que en nuestras sociedades significa dessempleo- es vivido y sufrido por la población como el estar fuera de la frontera de la dignidad. No hay vida digna sin trabajo ha sido la ideología que con firmeza se ha repetido, al menos en occidente desde la aparición del liberalismo. Si el hombre es igual a sus obras, la imposibilidad de llevarlas a cabo, no tiene otro resultado que su desaparición como hombre y como ciudadano.

El trabajador es el homo sacer del derecho romano- cuya muerte no constituía delito-, su ausencia, su desaparición forzada no es delito. Es nada más que el resultado de las políticas de aggiornamiento del Estado conforme a los diktats del "mercado". La historia prueba sin embargo, que el trabajo no solo constituye la consciencia del hombre sino que la expoliación a que se ven sometidos los trabajadores en sus derechos:  disminución de salarios, aumento o disminución de la jornada de trabajo, según las necesidades, saqueo de las cajas de jubilación y por ende de las jubilaciones, legalización de "reformas laborales", precarización disimulada del empleo, desocupación femenina masiva,- etc., etc., conquistas todas contempladas en los textos constitucionales- inestabilidad del empleo en general, apunta

1) a la responsabilidad que le cabe a los gobiernos que autorizan tales agravios a los habitantes del país y por vía indirecta el conculcar las leyes de la Nación; y

2) la urgente necesidad de la toma de decisiones  tendiente a revertir un proceso abierto y acentuado  en la década última en particular, y no sólo como asignatura pendiente sino como posibilidad de viabilidad del Estado, dado la vulnerabilidad a que es expuesto el régimen democrático, violentándolo en su elemento principal: la dignidad de la vida de la ciudadanía toda.

El aumento inédito en la participación en el PBI nacional del 10% más rico de la población, las obscenas ganancias de las sociedades privatizadas en los '90 han servido no para aumentar la riqueza de la nación, el efecto "desborde" no se ha producido, sino todo lo contrario. El estancamiento generalizado que desde hace más de dos años  asola el país se produce al unísono que muy altos índices de ganancia, que no se encuentran evidentemente en otros puertos del mundo industrializado.

El nuevo modelo impuesto está sin embargo sujeto no sólo a discusión sino a embates violentos en todo el planeta -ver Seattle por ej.- , la organización Attac y miles de ONG –que escrutan y disecan la expresión patológica de una teoría  diseminada bajo la forma equívoca y espúrea de "pensamiento único", criterio ciertamente unificador y al mismo tiempo destructor.

La fractura y la brecha inicua de las desigualdades entre ricos y pobres que hemos mencionado no cesa de crecer. Necesario es no sólo encarar con seriedad los planes de crecimiento y saneamiento de las "políticas sociales", sino entender que los excluídos de la nueva esfera de prosperidad internacional conforman los tres cuartos de la población planetaria y no son números sino personas que justamente y gracias a su "exclusión" permiten la vida,  en su burbuja confortable, del otro cuarto.

La inequidad extravagante del crecimiento económico acentúa la singularidad de ese camino al que hemos hecho alusión en el título: la divina Diké, la hija privilegiada de la ley está ausente en este candente banquete planetario.

Si la justicia estuvo presente en el derecho desde Antígona, si la ciencia económica la contuvo en su seno desde el Código de Hammurabi, si Hegel nos recuerda que los preceptos morales abstractamente impuestos a la vida individual, aunque apelen a una razón o a un sentido universal de la justicia común a todos, deben de tener su correlato en la realidad, en los proyectos de vida de las personas concretas, esto es una relación interna entre justicia y vida social y democrática, que le permita a ésta discernirse como tal.

Si el liberalismo político, dice Habermas[10] o liberalismo del Estado de derecho parte de la intuición según la cual el individuo y su vida individual deben de ser protegidos de toda intervención estatal, en la medida en que las personas no son individuos si no por medio de la socialización, la libertad de uno no puede estar ligada a la de todos los otros de manera puramente negativa, definida por las limitaciones. Estas son por el contrario, el resultado de una autolegislación que se ejercita en común. En una sociedad de personas libres e iguales, y de esto trata la democracia,  todos deben entenderse como los "coautores" de las leyes a las cuales se sienten unidos en tanto destinatarios.

El régimen democrático debe pues ser redefinido si se quiere que todos los ciudadanos libres e iguales no se plantean la dialéctica justicia-derecho in abstracto sino constituyéndose en una reivindicación política, una forma de movilización ciudadana, un objetivo, una estrategia que produzca esa transformación social, política y económica- y por ende institucional y cultural-  que hace al sistema democrático de gobierno.

Los riesgos que un tal planteo importa no son más que los riesgos de una política en la cual la justicia desempeñe el rol de aglutinador y formador  conciencias y de vidas que exige la democracia y la consecuente extensión de los derechos humanos, un cuestionameitno en fin del orden social y jurídico del Estado de Derecho, que debe instituir la libertad y la igualdad fundamentada en la divina- y terrena existencia de-  Diké..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Diké,  - ver W. Jaeger,-  Paideia, 1962, F.C.E.- y Alabanza de la ley, Inst. de Est. Políticos, Madrid, 1953 , la significación fundamental de diké equivale aproximadamente a dar a cada uno lo suyo. Significa que a cada cual es debido y que cada cual puede exigir y, por tanto el principio mismo que garantiza esta exigencia,  en el cual es posible apoyarse cuando hybris.Así como themis se refiere más bien a la autoridad del derecho, a su legalidad y validez, dike significa el cumplimiento de la justicia.A partir de Hesíodo la palabra diké se convierte en el lema de la lucha de clases.. El derecho escrito equivalía al  derecho igual para todos y los jueces- nobles y no hombres del pueblo- se hallan sujetos, en sus juicios, a las normas fijas de la diké. Se comprende así que en un tiempo de lucha por la aspiración al derecho de una clase que había recibido el derecho sólo como themis. como una ley autoritaria, la palabra diké se convirtiera necesariamente en bandera. La apelación a la diké se hizo cada vez más frecuente, más apasionada, y más apremiante. El tema puede verse con claridad en Hesíodo- en especial Los trabajos y los días, v. 215 y sig. y en la Theogonía v. 900: Y- Zeus- se unió a la brillante equidad- Themis- quien fue la madre de las Horas- Disciplina, Justicia- Dike- y Paz... Las Horas  aseguran el equilibrio social-  y Solón. Se buscaba una " medida" justa para la atribución del dereho y se halló en la exigencia de igualdad implícita en el concepto de diké.

[2] Fitoussi , J.P. y Rosanvallon, P. Le nouvel age des inégalités, Seuil, Essais, Paris, 1966

[3] Cf. Dupuis, J.-P. Liberalisme et justice sociale, Plurieil 1992.

[4] Gray,J. False dawn, the delusion or global capitalism, Granta 1998. Ed. Cast: Falso amanecer, Paidós, 2000.

[5] Polanyi, K. La gran transformación,  Juan Pablos Editor,  1992.

[6] Me refiero en especial, y en lo que se refiere a  Argentina entre otros a los subsidios agrícolas, que aunque inexistentes en nuestro país, forman la base de la agricultura de los E.E.U.U. – con 121.000 millones de dólares otorgados a los agricultores  en 1999,  y las ingentes sumas como subsidios  agrícolas de la Comunidad europea.

[7] Beinsten, J. " La crisis de la economía mundial no ha terminado", diario Clarín, 6 de agosto de 2000.

* Las cifras y números citados en este trabajo han sido tomadas de las publicaciones oficiales del INDEC.- Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República Argentina-.

[8] Desocupado es quien no trabajó ni siquiera una hora en la semana previa- a la encuesta del INDEC-, busca activamente un empleo y no lo encuentra. El subocupado trabaja entre una hora y 35 horas semanales, aunque quiere trabajar más horas. Sobreocupado es el que trabaja más de 45 horas semanales.

[9] Rifkin J, La fin du travaille, Ed. La decouverte, Paris, 1998.

[10] Habermas, J. et Rawls J. Débat sur la Justice Politique, Les Editions du Cerf, Paris, 1997.

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