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17-10-2008

Un fantasma nos acosa: el de la necesidad de la democracia. De régimen político, ésta se ha transformado en el motor de todas las acciones. Los gobiernos “ deben de ser democráticos”, fuere esto a sangre y fuego.

Perspectivas del igualitarismo democrático: entre  mundialización y voluntad popular democrática.

 Universidad Nacional de Santiago de Chile. 6-7  de julio de 2007

                                       Alicia N. Farinati, Instituto Gioja, Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires

 


 


Un fantasma nos acosa: el de la necesidad de la democracia. De régimen político, ésta se ha transformado en el motor de todas las acciones. Los gobiernos “ deben de ser democráticos”, fuere esto a sangre y fuego.

                                                    Sin embargo, de qué democracia se trata? Desde los griegos hasta la actualidad la democracia ha conocido innumerables tentativas de definición desde el innombrable gobierno de la multitud hasta las participaciones más o menos fictas de hoy.

Las pretensiones del pueblo- del demos de Aristóteles- para ser el todo de la comunidad, pone en funcionamiento a la politica que no se da sino cuando el orden natural de la dominación de los pobres por los ricos- Aristóteles- Política. IV, 1249 a 1710- es interrumpida por la institución de una parte de los “ sin parte”- los pobres, lo que define como comunidad política, fuera de ella no hay sino el orden de la dominación  o el desorden de la revuelta como lo cuanta Heródoto a propósito de la rebelión de los esclavos escitas.- Heródoto, Los nueve libros de la historia, IV, 3-.

 A partir del momento en que nuestras sociedades alcanzan el momento de comenzar a democratizarse- los años 80 en América Latina, o sea desde que no reconocen  otra autoridad superior que la voluntad de sus pueblos- o al menos oficialmente- las democracias son regímenes en los cuales   múltiples son los factores que han contribuído a su nacimiento pero no son en realidad los que en permitido su consolidación, ni asegurado su exposición. Si la dem. es hoy un ideal de referencia movilizador de retóricas y proyectos políticos y al mismo tiempo un gobierno efectivo producto de los procedimientos y las elecciones y negociaciones, cuáles son los fenómenos actuales que a la par que anuncian profundos cambios y mutaciones, la ensalzan y la muestran como el régimen triunfante por excelencia?

                                  En el tribunal de la historia sin embargo, tal como  vemos  el espectáculo en este fin de siglo y principio de milenio, la democracia y la economía de mercado conducen –al menos en apariencia- el carro triunfal. El acento puesto en un principio en las virtudes de la democracia liberal, velaba apenas al verdadero vencedor.

El mundo ha elegido la palabra clave y resorte a la vez: mundialización. Otros países han tomado el término inglés de globalización, pero el concepto es casi el mismo. Encierra una serie de realidades nuevas que han transformado íntimamente los modos de vida de la población mundial. Un economista inglés dijo hace años que el proceso significaba el fin de la geografía y está basado en una fantástica aceleración tecnológica que multiplica hasta lo increíble la apertura económica. Y a pesar de que ninguno de los elementos que hacen a la mundialización sean inéditos, es su incidencia en los problemas del estado y en lo referente a la   vida" de sus habitantes que el proceso se torna crucial, en particular en dos fenómenos en los que se manifiesta expresamente: el aumento inédito de la pobreza y los pobres y la desocupaciónmasiva, especialmente en los países del tercer mundo.

 

Los griegos, dice Giorgio Agamben[1] tenían dos términos para referirse a la vida: zoe, expresaba el hecho de la vida común a todos los seres vivos y bíos indicaba la forma o la manera de vivir propia al individuo o al grupo. Así la vida política era bios politikós, la vida contemplativa, bíos theoretikós, etc. Aristóteles lo recuerda en la Política- 1278 b 23-31, el fin de la polis es el de vivir según el bien, puesto que opone aquí- lo que, - Agamben, op-cit. 1997-  entra en la tradición canónica occidental- el simple hecho de vivir- to zen- a la vida políticamente calificada- to eu zen-, engendrado en vistas de la vida, pero existiendo esencialmente en vistas del bien vivir., - ginomene men oun tou zen heneken, ousa tou en zen-. Así dice Aristóteles en el texto mencionado de la Política: " Tal es- el vivir según el bien- la finalidadsupre, tanto para todos lo hombres en común, como para cada uno de ellos separadamente.  Estos se unen y mantienen la comunidad política igualmente en vistas del simple vivir , en tanto que hay probablemente un cierto bien, tanto en el hecho de vivir- to zen-  si no hay un exceso de dificultades en la manera de vivir- ton bion- , es evidente que la mayoría de los hombres soportan muchos sufrimientos y se atan a la vida- zoe- como si hubiese en ella una suerte de serenidad, una dulzura natural.".

 

Radicalmente diferente de la vida humana en el orden jurídico de las sociedades neo liberales contemporáneas: en tanto figura que se hace visible bajo la forma de la exclusión, la marginación, el estar fuera de lo político, lo social, lo económico, fuera de  una justicia social, en resumen en un estado de excepción.

 

Las democracias pluralistas instaladas en el mundo occidental y hoy consolidadas se encuentran marcadas por una ec. de mercado que les permitió durante largos decenios un crecimiento espectacular en los equipos colectivos y en un fuerte aumento del poder de compra de la población sobre todo durante los treinta gloriosos años de expansión y distribución del Estado de Bienestar instaurado luego de la segunda guerra mundial.

La evidente satisfacción que da un modelo de sociedad que permite generar una fuerte adhesión- vivir mejor que la generación precedente- engendra nuevas necesidades que constituyen a la vez una fuente de insatisfacciones crecientes. El deseo de consumo de los años 50 a 70 y  en. Lat. Hasta los 90 da como resultado un período de fuertes contestaciones: las diferencias sociales y económicas, lo que prueba que no son  suficientes los índices económicos para producir satisfacción., pero sí que las diferencias sociales y en sí- y que ésa misma sociedad engendran- portan en sí decía, los gérmenes de profundos antagonismos y lo que posibilita reivindicaciones divergentes de gran amplitud si no se encuentran satisfechas.

No hay conciliación posible entre los que pretenden tener todo para ganar y los que están seguros de perder todo o casi todo. Este tipo de economía triunfante conlleva un esfuerzo en la legitimidad del estado y del sistema político. Este planteo idílico entre las relaciones del sist. Democrático y economía liberal de mercado se quiebra cuando en las dos últimas décadas cede el crecimiento. Las dos nociones claves de la cultura democrática, concurrencia y mercado actúan a manera de corona del sistema. La libre concurrencia supone la libertad de iniciativa del empresario que sólo puede expandirse en un universo de valores favorable al individualismo. Y lo que se cuestiona al liberalismo es- en lo concerniente al control social sobre los modos de adquisición y utilización de la ganancia,, que deja de lado la actividad industriosa orientada hacia la acumulación racional y sistemática de la misma. La libre concurrencia supone la legitimación, bajo una forma jurídica codificada, de las contradicciones entre intereses financieros y ambiciones económicas, lo cual mantiene una evidente  relación con la noción de competencia política en un sistema pluralista.

 

En principio ninguno de los elementos que constituyen el proceso llamado de mundialización es nuevo. El comercio entre las naciones, la era de las máquinas, el sistema de mercado- que fue una adaptación a ese desarrollo en el S. XIX-, los transportes continentales rápidos y las empresas multinacionales prosperaron desde hace más de medio siglo.

Los movimientos de capitales- que no son por otra parte una invención de los '90- , las comunicaciones- ahora ampliadas- por cable o por éter, con computadoras y plataformas espaciales...

Se puede afirmar sin duda que ésta economía-mundo -expresión cara a Fernand Braudel- se ha desarrollado durante los últimos cinco siglos. Los barcos surcaron a partir del Mare Nostrum- como llamaron los europeos al mar Mediterráneo- Africa, Asia y nuestro continente. Desde el siglo XVII el mundo ya no tuvo secretos  para los europeos. La mundialización del intercambio es un hecho y el gran comercio marítimo lo concretaba. Las sedas, las especias, el algodón, el té, el azúcar, los minerales como el oro y la plata, los cueros, etc., etc., alimentaron esta máquina productora donde afloran el crecimiento, la fábrica y el capitalismo.

Entre los siglos XVI y XIX la economía mundial, monetaria y financiera se instala entre los continentes, pero fue el siglo XIX el que dará un amplitud difícil de imaginar. Transformación e intercambio en un mercado mundial cada vez más pequeño a partir del ferrocarril, el teléfono, el telégrafo, los barcos a vapor, el automóvil etc., etc. La uniformidad, la unificación son las palabras claves de una época de circulación incesante, de tiempos comprimidos de información al instante. Pero es sobre todo la intensificación de los intercambios comerciales, la inmensa producción industrial y agrícola que atraviesa el planeta en el cuadro de la economía de "laissez-faire". Como corresponde a una economía basada en el mercado y en el lucro, no es fija: los actores cambian en un ballet  concurrencia-competencia. Los países y los bloques se disputan la hegemonía y se afrontan, las alianzas suceden a las caídas. La literatura europea del siglo XIX, Balzac, Zola, Dickens, Flaubert...-y entre nosotros "La bolsa" de Julián Martel- muestran sin pudor las disonancias de una sociedad burguesa que volcada al "progreso" deja en el camino a los que no tienen la "rapidez de adaptación" a esa "edad de oro" que abre a un siglo nuevo.

Millones de hombres y mujeres atraviesan el Atlántico en busca de una "belle époque" mentada en los folletines. Este siglo corto -al decir de Hobsbawm-, entre dos guerras de aniquilación como no ha visto otra la humanidad se enfrenta a un relanzamiento que a partir de los años cincuenta recrea un espacio libre de circulación de mercaderías y de capitales bajo la égida de una nueva potencia mundial. Un solo modelo de desarrollo y un pensamento único: fundado ene.  Libre cambio y la concurrencia universal no reconoce sino una ley: la relación del del costo-beneficio

La globalización de la economía ha dado fuerza y empuje a los argumentos contra los beneficios del Estado social, o Estado-Nación social. La libertad de circulación de capitales ha reducido a la moneda a una mercadería cuyo valor es fijado por los mercados. La mundialización de los intercambios comerciales, ha desvalorizado el espacio económico nacional como cuadro de referencia estratégico prioritario, que además, en el caso de Argentina no ha logrado hasta ahora resultados beneficiosos con el

 

La economía de mercado en su fase actual está confrontada a los problemas de vender: lo cual contribuye al triunfo de los valores de permisibilidad, suspensión de interdicciones que irían al encuentro del consumo de bienes de cualquier naturaleza Y esto dentro de una rivalidad-que puede terminar en enormes “ fusiones” con  consecuencias a menudo del tipo de quiebras de las empresas no ajustadas a los nuevos parámetros, despido por causas económicas y en masa  y caída de enormes panes de la población- como se vió e la Argentina del 2001- en la pobreza y enormes dificultades para a penas volver al punto de partida.

 En este planteo el concepto de libertad es clave: libertad de precios, de empresa, en los contratos de trabajo- llamado “ flexibilidad laboral”, libertad de ganancias y de inversiones- sobre todo en lo referente al capital extranjero-

 Así es que mientras en la democracia un hombre es igual a un voto, en el mercado un hombre es igual a un precio, de tal manera que el mercado acentúa las desigualdades.

 El mercado y  el proceso llamado de “ globalización necesita la destrucción de las fronteras, y por ende de los Estado-Nación, mientras que la dem. Necesita de esas fronteras para conocer quienes so los ciudadanos y quienes no, quienes tienen el derecho al voto, etc.,

El mercado considera que cuando todo s los individuos logran sus objetivos egoístas, la sociedad en su conjunto alcanza un estado ideal, mientras que la democracia dice que cuando la mayoría concreta sus ambiciones, la minoría debe aceptar las reglas de la mayoría.

El fin del compromiso del estado social permite la resurrección de las crisis que habían estado contenidas: los índices elevados de pobreza y precariedad social, en estrecha relación con la disparidad inaudita de las ganancias, son sin ninguna duda la tendencia hacia el peligro de desintegración social. El abismo entre las codicio0nes de vida entre los ue disponene de un empleo, de los subempleados, empleados “ en negro” o de los desocupados acumulan distintos tipos de exclusión: del sistema de empleo y de la formación, de la educación, de la vivienda y de los recursos familiares, con la creación de nuevos e inmensos grupos pauperizados, fuera de la vida social, e imposibilitados individualmente de cambiar su estado social.

Los pobres no son sólo “ feos, sucios y malos” sino tambien analfabetos y sobre todo analfabetas, puesto que las mujeres

 representan el 70% de los pobres del planeta.

                                    Ser pobre, dice Amartya Sen significa no tener acceso a los mecanismos de  decisión, no ser reconocido en sus derechos de ciudadano, no tomar en cuenta sus intereses; mejorar la calidad alimentaria- no sólo pan y fideos-  significa  desarrollar la capacidad de los individuos, negociar la repartición de bienes, de los medios de producción, de los recursos naturales y del trabajo. Derechos todos reconocidos en las Constituciones del mundo occidental así como. Para nosotros , en numerosos tratados que integran la Constitución, considerados “ derechos humanos”.

 

                                       Es que en este cuadro que hemos tomado de la realidad debemos hacer hincapié sobre una constante, la de la capacidad, que parece periclitar en tiempos de mundialización: la de las fronteras físicas y simbólicas de los estados que se vuelven porosas. Porosas pues flujos de todo orden las atraviesan, imposibles de controlar y por ello mismo de ejercer una capacidad de regulación, de equilibrio económico y social que escapa a sus controles.

                                       

Los nuevos mecanismos aparecen detrás de los estados: la función política se desplaza, la identidad cede su nivel simbólico sobre los ciudadanos y por encima de los lazos de solidaridad al interior de los mismos. Si en la falsa opción de un capitalismo sin dueño aparece como provocativa para los defensores a ultranza del libre mercado, los mismos avizoran que mecanismos incontrolables se han puesto en marcha. “ Hasta los propios negocios capitalistas, dice Kart Polanyi en su célebre libro  “ La gran transformación” debieron se protegidos del funcionamiento sin restricciones del mecanismo del mercado, y esto en los años 40!!!.

                                        

Los mercados concurren sin pudor al Estado para salvar no a los ciudadanos del Estado fuera de toda justicia social, sino a los bancos, bolsas, entidades financieras y hasta clubes de fútbol con dineros penosamente obtenidos- a través de un sistema impositivo regresivo, o sea basado en la recaudación de impuestos como el IVA- para prevenir y-o conjurar los estragos causados por las mismas crisis  y apelar al viejo sistema de los “ subsidios”, nunca abandonados, por otra parte, en los países del Primer Mundo- sobre todo  como lo sabemos bien en el tema de subsidios agrícolas-.

 

Si bien este nuevo sistema de mercado global ha derramado por el planeta más crisis en la economía, ellas han tocado en especial a los países y regiones más desprotegidos, y la última gran crisis Argentina de 2001, que ha hecho derramar ríos de tinta y de nuevos pobres, , pero que ningún organismo internacional, que la preveían largamente, tomó las medidas del caso, y simplemente dejó que Argentina cayera en su infierno propio y agrandara el abismo de la creciente desigualdad.

 

Los efectos deletéreos de la década del 90, en Argentina al menos, como se ve, no se hicieron esperar: 10 años de ajustes, el desmantelamiento de las estructuras del Estado, las privatizaciones indiscriminadas sobre de los bienes del patrimonio público, de liquidación de pequeñas empresas, de importaciones indiscriminadas  por falta de industria nacional, una desocupación  que alcanzó el 20%, se acompañaron de una estabilidad engañosa que detuvo el proceso inflacionario y todos sabemos bien a qué costo fueron una parte de los terribles resultados.

 

En este abismo sin fondo el trabajador se convirtió en el homo sacer del derecho romano- cuya muerte no constituía delito,, su ausencia, su desaparición forzada, su hambre no constituyen delito. Es nada más que el resultado de las políticas de aggiornamento del estado conforme a los diktats de mercado. Conviene siempre recordar que los excluídos de la nueva esfera de prosperidad  internacional conforman los tres cuartos de la población de planeta, y justamente no son números sino personas, que por su “ exclusión” – inclusión- permiten la vida en su burbuja confortable, del “otro cuarto” de habitantes del planeta.

La reducción de la sociedad a meros “recursos humanos” siendo el capital la fuente de todo valor del cual es la medida para todo bien y servicio material o inmaterial, el individuo no tiene otro valor que el de la rentabilidad. Valor que está dado por el mecanismo de producción o un bien o un servicio: depende de su contribución a la rentabilidad del capital primario.

Uno de los principales desafíos para América Latina es justamente la desigualdad social, que no favorece por otra parte un crecimiento fuerte y durable, puesto que el crecimiento no conduce a la reducción de las desigualdades significativas y alimenta una distribución de ganancias favorables a las capas más altas de la población.

La apertura que se dió en América Latina en los ’90  en especial en Argentina fue sin red de protección social para las clases medias y bajas y que tiene un costo social importante en cuanto a la calidad de la democracia a la que podemos aspirar, lo cual nos lleva a cuestionar la pertinencia de las recomendaciones de los organismos financieros internacionales y de los economistas ligados a los centros del poder.

Sin embargo y a partir del 2005 las instituciones Internacionales y en especial el Banco Mundial a partir del raport del 2005 consideraron al fin la importancia de la calidad de las instituciones por una parte y la necesidad de tomar en cuenta cuestiones relativas a la ética que fueron siempre consideradas al Derecho por los positivistas y a la economía.

A la debilidad de estos Estados, tarea comenzada en los años 70s y perfeccionada en los 90s, se le une en especial en el caso de la Argentina.

La debilidad de una burguesía industrial y la incapacidad para encontrar  los recurso necesarios- debido en especial a la falta de un sistema financiero privado- da como resultado un acelerado “ gap” tecnológico que no hace sino profundizar y dificultar las posibilidades de salir del subdesarrollo.

 Los años 80 y 90 se han ocupado, en América latina  y en especial en argentina  en pregonar las ventajas de un estado reducido- siguiendo a Nozick, y las consiguientes privatizaciones del patrimonio público, lo que significo  la venta de empresas de infraestructura- petróleo, gas, agua, electricidad, sistema minero-, de servicios, bancos , seguros, etc, , a lo que debe sumársele la falta de apoyo a  la política industrial, o a los sectores estratégicos .

 

El estado se transforma en garante de un régimen de crecimiento- ver el caso de Argentina- que no va acompañado generalmente de una mejor distribución de la renta. El estado asume entonces, ante el avance o en algunos casos del estancamiento de la pobreza en niveles avanzados,en garante de una “ ayuda que permite la supervivencia, pero que no asegura de ninguna manera ni la distribución , ni la posibilidad de salir de ese estado via la educación.

La democracia instaurada en las constituciones, y puesta en práctica por las urnas cumple su rol. Pero la democracia concreta, la que asegura una ciudadanía social, queda siempre fuera de la ciudadanía política. Los recursos que recauda el estado- en el caso de Argentina, en especial- han aumentado de manera importante  luego de la debacle de 2001, el estado piensa, por ej. recaudar 200.000 millones de pesos en el corriente año- o sean unos 70.000 millones de dólares- y la presión tributaria sería la más alta registrada, un 25% del PBI, sin embargo la distribución es la que hemos mencionado, manteniéndose un nivel de pobreza de un 30% de la población. – según los datos oficiales del Indec- La intervención del Estado, en los últimos años parece  particularizarse en el mantenimiento de un régimen de crecimiento con dominante financiera, y las consecuentes desigualdades en el plano social.

 La diferencia que hemos mencionado entre la democracia legal, y la de las urnas, y lo que llamamos la democracia concreta,  donde la “redistribución” ocupe un lugar en la ciudadanía, y la educación y la salud sean el eje sobre el que gire la puesta en marcha de esta democracia integral pesa aún fuerte en las políticas de estado de a.l. en la cual la cohesión social se define como la posibilidad de acceso a los derechos. Si el acceso es difícil, la cohesión es débil y viceversa. El problema a plantearse será entonces cual es el lugar de los derechos económicos  en relación a los otros derechos? Puesto que el desarrollo de los países no es un mero deslizarse hacia una meta fija,  múltiples serán los escollos , los inconvenientes a sortear en procura del “ delicado equilibrio”  de legitimación del sistema democrático que no se base sólo en la ciudadanía política que favorece la fragmentación social.

La democracia, dice Jacques Ranciere en “La haine de la democratie”, p. 105, no  es ni esta forma de gobierno que permite a la oligarquía reinar en nombre del pueblo, ni esta forma de sociedad que regla el poder de la mercancía. Es la acción arrancada que sin cesar quita a los gobiernos oligárquicos  el monopolio de la vida pública y a la riqueza el poder total sobre las vidas. Ella es el poder que debe, hoy más que nunca, luchar contra la confusión de los poderes en un solo poder, en una sola y misma dominación. Reencontrar la singularidad de la democracia, es tambien tomar conciencia de su soledad …La sociedad desigual no lleva en sí ninguna sociedad igual, ni lleva en sí ninguna necesidad histórica. Y sólo está confiada a la constancia de sus propios actos.”.

Bibliografía:

 

 

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[1] Agamben, Giorgio : Homo Sacer, Seuil, Paris, 1997.

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